Alérgenos en la carta: cómo indicarlos bien (y que se entiendan)
Iconos, códigos o texto: cómo marcar los alérgenos en la carta para cumplir la normativa Y que el cliente los entienda. Con los errores que más se repiten.
Si has llegado hasta aquí, la fase de convencerte ya pasó: sabes que tienes que declarar los 14 alérgenos y que la información debe estar disponible antes de que el cliente pida. Si no lo tienes fresco, empieza por la guía de los 14 alérgenos obligatorios y vuelve. Sabes también, o al menos lo intuyes, que detrás de la carta tiene que haber fichas técnicas y un plan que respalde lo que declaras; de eso va la guía del plan de control de alérgenos. Lo que te queda es la pregunta práctica, la de estar delante de tu carta con el lápiz en la mano: ¿cómo lo pongo? ¿Iconos, números, texto? ¿Junto a cada plato o en una tabla al final? ¿Y las trazas? ¿Y el inglés?
La idea que ordena todo lo demás es esta: la ley exige el resultado, no el formato. El resultado es que el cliente pueda saber, antes de pedir y sin esfuerzo, qué alérgenos lleva cada plato. Cómo lo consigas es cosa tuya. Esa libertad es buena noticia, pero se usa mal a menudo: hay cartas que cumplen sobre el papel y no hay quien las entienda, y cartas preciosas que no cumplen.
Así que vamos a lo concreto: los tres formatos habituales con sus pros, sus contras y un veredicto honesto de cada uno; dónde colocar la información; cómo tratar las trazas y el “sin gluten”, que son los dos terrenos donde más se resbala; qué pasa cuando la carta está en varios idiomas; y los errores que más se repiten. Al final, cómo lo resuelve una carta digital, porque este es justo el punto donde el formato deja de ser un problema de diseño y pasa a ser una casilla que se marca.
Lo que exige la ley (en un minuto)
Lo justo para encuadrar, porque el detalle lo tienes en la guía de los 14 alérgenos:
- El Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a declarar los 14 alérgenos de su Anexo II, con información clara, accesible y gratuita, disponible antes de que el cliente pida.
- El Real Decreto 126/2015 permite dar la información oralmente solo si existe un respaldo escrito o electrónico que clientes, personal e inspección puedan consultar. El cartel de “consulte al personal”, sin ese respaldo detrás, no cumple.
- Y el matiz que da sentido a este post: la ley no impone formato. Ni iconos, ni códigos, ni tabla. Exige que el cliente pueda saberlo sin esfuerzo; con qué recurso gráfico lo consigues es decisión tuya.
Todo lo que viene a partir de aquí es, por tanto, criterio práctico, no obligación legal. Que es exactamente donde se decide si tu carta se entiende o no.
Los tres formatos: iconos, códigos o texto
En hostelería se usan tres maneras de marcar los alérgenos en la carta: iconos, códigos numerados y texto. Ninguna es legalmente superior a las otras; hay formatos más o menos claros según la carta que tengas. Vamos uno por uno.
Iconos
El formato más extendido, y por buenos motivos. A favor: se entienden sin leer, ocupan poco y no necesitan traducción, lo que con clientela internacional vale oro. En contra: catorce iconos son muchos iconos; algunos alérgenos no tienen dibujo intuitivo posible (¿cómo dibujas el apio para que se reconozca? ¿y los sulfitos?); y por eso necesitan leyenda igualmente, por muy bonitos que sean.
Veredicto: la mejor opción para cartas con muchos platos y clientela internacional, siempre con la leyenda visible en la propia carta. Un icono sin leyenda es un dibujito.
Códigos numerados (1-14)
La numeración oficial del Anexo II, del 1 al 14, es la referencia estándar del sector, y hay muchas cartas que ponen los números junto a cada plato. A favor: es el formato más compacto que existe y el más fácil de mantener. En contra: obliga al cliente a ir y volver a la leyenda con cada plato. Un “3, 7, 12” junto a la lasaña no comunica nada por sí solo; es una clave que hay que descifrar, y quien la descifra con más ansiedad es justo el cliente al que va dirigida.
Veredicto: válido para cartas densas tipo menú del día, donde el espacio manda. Para todo lo demás, es el formato menos amable con el cliente con alergia.
Texto (“contiene: gluten, huevo, lácteos”)
Escribir los alérgenos con su nombre debajo de cada plato. A favor: cero ambigüedad, no necesita leyenda y es lo más claro que puedes ofrecer a quien lee. En contra: ocupa espacio, en cartas largas satura la lectura, y en cartas multiidioma multiplica el trabajo, porque el texto sí se traduce (los iconos no).
Veredicto: la opción más clara si tu carta tiene pocos platos. A partir de cierta densidad deja de ser práctica, y en cuanto añades idiomas se convierte en mantenimiento puro.
No hay formato perfecto; hay formato adecuado a tu carta. La regla práctica: pocos platos, texto; muchos platos o clientela internacional, iconos con leyenda; menú del día denso, códigos. Y por encima de las tres, el criterio que manda: que un cliente con una alergia real lo entienda a la primera, sin tener que preguntar. Si tu carta no pasa esa prueba, da igual lo que diga el papel.
Dónde ponerlos: en cada plato, no en una tabla escondida
La segunda decisión importa tanto como la primera. La respuesta corta: los alérgenos van junto a cada plato, porque el cliente decide plato a plato. Nadie elige entre la hamburguesa y el tataki consultando un anexo.
La tabla separada al final de la carta (o el cartel genérico en la pared) como único soporte es la versión que peor funciona: cumple peor, porque la información deja de estar donde se toma la decisión, y se entiende peor, porque obliga al cliente con alergia a cruzar dos documentos mientras el camarero espera.
Otra cosa es la tabla como complemento. Una matriz completa de platos y alérgenos, disponible para consulta y para inspección, es perfecta: de hecho es el respaldo documental del que venimos hablando en toda esta serie, y sale directamente de tus fichas técnicas (en la guía del plan explicamos cómo montarla). Carta con la información plato a plato para decidir, matriz detrás para demostrar. Las dos cosas, no una de las dos.
Y la leyenda de iconos o códigos: siempre visible y en la misma carta. La leyenda “está en la barra” es un clásico que convierte un formato correcto en uno que no funciona.
Trazas y “sin gluten”: los dos terrenos delicados
Trazas
La mención “puede contener…” es legítima cuando hay riesgo real de contaminación cruzada: la freidora compartida, la plancha común, el obrador que trabaja con frutos de cáscara. Ahí, avisar es informar.
Los dos errores están en los extremos. El primero, usar las trazas como sustituto de la declaración: si el plato lleva gluten, se declara gluten; un “puede contener trazas de gluten” en un plato que lo lleva de receta no vale. El segundo, el “puede contener trazas de cualquiera de los 14 alérgenos” genérico al pie de la carta: no informa de nada, y no cumple.
El criterio: trazas específicas, por plato, solo donde el riesgo existe de verdad. Si tu carta avisa de trazas en todo, no está avisando de nada.
“Sin gluten”
“Sin gluten” no es lo contrario de “contiene gluten”: es una afirmación regulada. Para etiquetarlo formalmente, el plato tiene que cumplir el Reglamento (UE) 828/2014 (menos de 20 mg/kg de gluten en el producto final), y eso implica controlar de verdad la contaminación cruzada en cocina. Si lo que haces es retirar los ingredientes obvios pero el plato comparte freidora o superficie con otros que llevan gluten, lo honesto (y lo legal) es no ponerle la etiqueta.
Ese control es justo el protocolo de cruce que describe la parte 4 del plan de control de alérgenos. Y si quieres ir un paso más allá, la FACE (Federación de Asociaciones de Celíacos de España) certifica establecimientos que cumplen ese estándar; para un celíaco, ver esa certificación marca la diferencia.
Si tu carta está en varios idiomas
La regla es una y no tiene excepciones: todas las versiones de la carta llevan la misma información de alérgenos, siempre. El fallo clásico del papel multiidioma es la desincronización: se actualiza la versión en castellano y la inglesa se queda con los alérgenos de la receta antigua.
Dos apuntes prácticos. Los iconos no se traducen, y esa es su mayor ventaja en cartas multiidioma. Y si marcas en texto, usa el término normativo en cada idioma: los nombres oficiales de los 14 existen en todas las lenguas de la UE (el Anexo II está publicado en todas), así que no hace falta inventarse traducciones caseras.
De cómo montar y mantener una carta en varios idiomas ya hablamos en la guía de la carta multilingüe; y si buscas directamente la herramienta, la carta digital multiidioma de Oh My Menu traduce la carta y arrastra los alérgenos a todos los idiomas a la vez. Para el cliente extranjero con alergia, que es quien peor lo tiene para preguntar, esto no es un detalle: es la diferencia entre pedir tranquilo y pedir otra cosa.
Los 5 errores que más se repiten
- El cartel de “consulte al personal” como único soporte. Sin respaldo escrito o electrónico detrás, no cumple. Lo hemos dicho en toda la serie y lo repetimos aquí porque sigue siendo el error más común.
- Iconos sin leyenda (o con la leyenda “en la barra”). El formato correcto colocado mal deja de funcionar: el cliente ve símbolos que no puede interpretar.
- “Frutos secos” en vez de “frutos de cáscara”. El nombre normativo importa: si un inspector revisa tu carta, espera el término del Anexo II, y el cliente alérgico también (en la guía de los 14 tienes los nombres oficiales de todos).
- Marcar el plato y olvidar lo que lo acompaña. La ensalada marcada sin contar la vinagreta con mostaza, la carne sin su salsa, la guarnición que llega de la freidora compartida. El plato es todo lo que hay en el plato.
- Actualizar la receta y no la carta. El caldo casero pasa a ser de brik y entra apio en media carta, o el postre empieza a llegar de un obrador que trabaja con frutos de cáscara, y nadie baja ese cambio al soporte que ve el cliente. Este es el error de fondo del que nacen casi todos los demás: el desfase entre lo que pasa en cocina y lo que dice la carta. Y es exactamente el problema que ataca la siguiente sección.
Cómo lo resuelve una carta digital
Todo lo anterior aplica igual si tu carta es de papel, de pizarra o digital. Pero es verdad que una carta digital disuelve varias de estas decisiones, y este es el punto del post donde toca contarlo.
El formato deja de ser una decisión de diseño. En Oh My Menu marcas los alérgenos de cada plato por casillas (los 14 del Anexo II, con sus nombres oficiales) y la carta los muestra con iconos y su leyenda, coherentes en toda la carta. No tienes que dibujar el apio ni maquetar la leyenda: viene resuelto.

La sincronización deja de ser un problema. Cambias la receta, cambias el alérgeno en un sitio, y todas las versiones de la carta (todos los idiomas, todos los QR, todas las ubicaciones) se actualizan a la vez. El error 5 de la lista anterior desaparece por diseño, y el desfase entre idiomas también.
Y el respaldo documental que pide el RD 126/2015 es la propia carta: siempre accesible desde cualquier móvil, siempre en su última versión, enseñable a un cliente o a un inspector en el momento.
Lo que la carta digital no hace por ti, y aquí va la honestidad de siempre: no sabe qué alérgenos lleva cada plato. Eso sale de tus fichas técnicas y de tu control de proveedores, que viven en tu plan de control de alérgenos, no en la carta. La carta comunica; el contenido es tuyo. Basura dentro, basura fuera: si marcas mal un plato, la carta digital comunicará ese error perfectamente sincronizado en todos los idiomas a la vez.
En resumen
Formato adecuado a tu carta: texto si tienes pocos platos, iconos con leyenda si tienes muchos o clientela internacional, códigos para el menú del día denso. La información siempre junto a cada plato, con la leyenda visible y una matriz detrás como respaldo. Y en los terrenos delicados, trazas específicas solo donde hay riesgo real y “sin gluten” solo cuando es verdad.
Si quieres que el formato deje de ser un problema (iconos coherentes, leyenda incluida y todos los idiomas sincronizados), en Oh My Menu los alérgenos se marcan por casillas y la carta hace el resto → Primer mes gratis, sin tarjeta.
Y si te atascas en cualquier punto, escríbenos a hello@ohmymenu.com y te contestaremos cuanto antes.